El camino de un inmigrante
Mire el reloj, 4 de la tarde, el cielo amenazaba tormenta, tal parecía que ya era de noche.
Me gustaba ese ambiente medio melancólico, ese gris naranja de lluvia al atardecer que
Invitaba a pensar, a recordar, tal vez poner la mente en blanco para que fluyeran sensaciones y emociones.
No debí, no debí entregarme a la suerte de ese fluyente rio de recuerdos, Dolía, dolía recordar.
-Opuesto a esa tarde, el sol parecía burlarse de tantas bocas sedientas, el calor sofocante ardía en la piel en llagas, quemaduras, era el camino el único camino que nos habían “vendido”.
Hace 25 años y apenas con 6, era una niña feliz, aunque no lo supiera, a esa edad no se piensa, no se sabe, no se compara, no se valora. Viajaba en un hermoso coche oscuro, mi padre al lado, delante, el chofer, aquel hombre que estuvo ahí sentado derecho y silencioso, día tras día, semana tras semana, mes tras mes. Aquel hombre fiel… ¡tantos años! De repente frenó, gritó, seguido oí un ruido sordo, de su frente salió un grueso hilo rojo, sangre, vi sus ojos abiertos.
Después, todo se hizo oscuro, una venda en mis ojos, la mano inerte de mi padre entre las mías.
Me lo habían arrebatado, como se quita un muñeco prestado después que se acaba una fiesta de cumpleaños, así me quitaron a mi padre. Seria la última vez que olería su perfume, estaba muerto, asesinado.
Muchos pasos, frases que no entendía pero que presentía. Muerto mi padre, muerto el chofer, yo, yo secuestrada.
En ese momento supe lo que se siente cuando no se tiene corazón, cuando no se tienen arterias, venas, cuando los pulmones no están, cuando el esófago desaparece, cuando el pecho se queda vacio, cuando cuesta respirar.
Así pasaron varios años. Hasta que un día tome aliente, un suspiro profundo me indico que existía, la niña ya mujer, era canjeable, valía. Ese pecho un día vacio, hoy se llenaba de coraje, mas no de odio. Lleno de deseos, deseo de volar, de andar. Anhelo de comer sin tener antes que entregar mi cuerpo, tomar agua del rio sin un fusil en mis narices, sin que sintiera el agua sucia hedionda correr por mi frágil cuerpo, anhelo de mirar al cielo en una noche oscura y ver las estrellas, contarlas, soñar.
Mire al frente, creo que fue la primera vez en mi vida que miraba al frente, porque si, existía “un frente”.
Todo estaba rodeado de alambre de púa, cual verja que encierra bestias salvajes, o criminales con efectos potenciales. Mira aquella cerca, y me atreví, y lo hice. Corrí, como animal acosado, con miedo, con un inmenso miedo, con terror, corrí, siempre mirando hacia adelante, corrí, y de pronto un ruido, me tire dentro de los matorrales. Del impulso, casi mi cuerpo penetra en aquel suelo de tierra seca. Quieta, estática, deje pasar las horas, se había hecho de noche, me quede dormida.
Al abrir los ojos, vi de nuevo aquella alambrada, me incorpore a gran velocidad y arrastrándome como culebra, dejando como tal mi piel en las crueles púas que me cerraban el espacio. Pase, no sentí dolor, sin embargo vi correr sangre, seguí corriendo, vi un camión parado, lleno de ganado y estiércol, salte, me confundí dentro de aquel deshecho y respire, aquel olor nauseabundo, estaría por siempre relacionado a mi libertad.
De camión en camión, de remolque en remolque, entre basuras y mas basura, llegue a un
establo, muchos hombres trabajadores de tierra, ansiosos de una mujer y me vendí, si, volví
a venderme hacia el camino…hacia un nuevo camino, el camino de una inmigrante.
Sentí de nuevo mi piel sangrar, alce mis ojos, desierto, oasis, carretera, un uniforme, un guardián de frontera, una posible deportación. Me llamaron inmigrante y fui, fui persona, desde ese momento tuve una identidad “la inmigrante sin tierra” y vi un amanecer…y mi piel sanó…aunque el dolor permanecería por toda mi vida.-
Cuento basado en una historia real. Mujer hoy de 40 años, casada, sin hijos biológicos, da
gracias a su destino, hoy ciudadana de un gran país, luchadora, activista y defensora del maltrato.
Todas las cicatrices de su cuerpo y su alma, sirvieron de marco para el paisaje de una noble
causa.
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ANTOLOGIA INTERNACIONAL
POESIA, CUENTOS Y VOS
Resucitar
Es el silencio que quiebra mis huesos
La nota muda que no puede expresar
El grito de las olas moribundas
De un océano que creció sin mar
Es vertiente de abismo absoluto
Caída expedita de amor fatal
Que se esfuma ante infértil suelo
Dejando al vacío fuente para crear
Es dolor, sangre, llanto
Tiniebla, confusión, clamor
Ausencia natural de existencia
Forjando heridas imposibles de sanar
Es desconsuelo seco y frío
Desde el subsuelo amargo del estar
Fusionando gotas de sangre
Sin aliento, sin aire respirar
Es mi corazón fruta seca
Cruel tiempo olvido su caminar
Abandonado, cabizbajo y triste
Esperando un instante sabatizar
Es nostalgia a lo perdido
Emoción inédita de la soledad…ven
Recuesta tu cabeza en mi pecho
Tal vez aun mi alma…Logre resucitar
Por Mery Larrinua
Esperanza
Estuve pendiente….mas no llegaste
Pasaban los minutos y el silencio
Inundaba mi estancia esperando tu regreso
Mas mi esperanza permanecía intacta
Y seguirá intacta hasta mi muerte
La puerta no cedía y yo
Con mi alma abierta
Mis ojos fijos
Nublado mi pensamiento con tu ausencia
Haciéndose evidente mi ansiedad reprimida
Con mi pecho oprimido
Por la emoción del desespero
Olvidé dar alimento a mi cuerpo
Y olvidé ofrecer agua a mi boca sedienta
Es entonces cuando mi mente se abre
Volviendo a la realidad por un segundo
Veo mi cuerpo decrépito
Y me dio cuenta que la vida se me ha ido